Guatemala

Guatemala: los archivos de la represión

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Guatemala: los archivos de la represión
 
31 de julio de 2013
 

¿Podrá el país reconciliarse y olvidar gracias a los documentos que muestran la represión policial que acabó con la vida de miles de guatemaltecos?

 

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El ex jefe del Comando 6 de la desaparecida Policía Nacional de Guatemala cumple desde el pasado mes de agosto una condena a 70 años de prisión. Fue sentenciado como responsable de la desaparición forzada de Edgar Sáenz Calito, un estudiante de la Universidad de San Carlos secuestrado el 6 de octubre de 1981. Era la época más cruda de la guerra civil. Entre las pruebas concluyentes figuran los archivos policiales que registraron cada una de las operaciones en el marco del conflicto. Estos documentos (80 millones de folios), que reflejan los crímenes cometidos por la Policía Nacional, salieron a la luz por la tarea realizada por el Archivo Histórico de la Policía Nacional (AHPN).

Tras 36 años de conflicto armado interno y un largo diálogo entre el Gobierno y la guerrilla, en 1996 se firmaron los acuerdos de paz. Establecían la creación de una comisión de la verdad y apuntaban que la búsqueda de la justicia solamente podía sustentarse en el conocimiento profundo de los hechos. Fue la Comisión para el Esclarecimiento Histórico (CEH), mandato de Naciones Unidas, la que solicitó acceder a los archivos policiales. A pesar de que el Gobierno aseguró que no existían, en julio de 2005, la Procuraduría de los Derechos Humanos dio con el archivo policial más grande jamás hallado en América Latina. Cuando se disponía a verificar si había explosivos en un destartalado edificio policial, halló los 80 millones de folios, toneladas y toneladas de papel que dan cuenta de la historia del país y de la institución policial entre 1882 hasta 1997.

El representante del AHPN, Alberto Fuentes, asegura que fue el mismo Estado quien escondió toda la documentación en el edificio abandonado, que según parece funcionó como cárcel clandestina. Mientras él y otros activistas iniciaban un encierro en el lugar para salvar unos documentos amenazados por cucarachas y ratas, estropeados por la humedad, el entonces ministro de Gobernación, Carlos Vielman, declaraba: “¿Por qué perder el tiempo con este montón de papeles viejos?”.

De entre este “montón de papeles viejo”’ han asomado ciento de miles de fichas para el control ciudadano, denuncias por secuestros y asesinatos, evidencias de torturas o listas de escuadrones de la muerte anticomunistas. Hasta aparecieron documentos que, según el director del archivo Gustavo Meoño, “permitieron establecer el papel de Estados Unidos en la asesoría, acompañamiento, equipamiento y formación de la policía nacional”.

El más reciente es el caso de Edgar Saénz Calito, pero hay otros 53 procesos judiciales sustentados casi exclusivamente en los documentos policiales. Un caso emblemático es el del líder estudiantil y activista Fernando García. Los policías asesinos fueron descubiertos gracias, entre otros, a un documento que les condecoraba por el operativo que capturó a dos subversivos -sin especificar los nombres- el 18 de febrero de 1984. La hora y el lugar mostraban exactamente las mismas coordenadas que figuran en la denuncia de la desaparición que puso la familia y permitieron llegar a la conclusión que uno de aquellos subversivos era Fernando García. Ahora, los dos agentes cumplen 60 años de cárcel. Otros casos históricos no han logrado justicia, pero sí evidencias del crimen. Descubrieron varias fotografías que documentan el seguimiento exhaustivo que sufrió el líder estudiantil Oliverio Castañeda antes de ser marcado en una de las imágenes con una X. La señal para clasificarlo como objetivo. Fue asesinado el 20 de octubre de 1978.

Toda la ciudadanía puede consultar el archivo. Principalmente, el Ministerio Público es quien acude a la unidad de acceso a la información, ya que se encarga de la investigación criminal. Pero también lo hacen los familiares de víctimas o sobrevivientes y distintas organizaciones. A muchas familias, les han negado tanto el crimen, como la existencia misma del pariente, porque han desaparecido todos sus registros. Meoño aún se sorprende de lo reconfortante que puede ser para una familia hallar un rastro de un ser querido en el archivo: “encontrar aquí alguna información tiene un valor reparador enorme”.

Las dos Comisiones de la Verdad en Guatemala -REMHI, encabezado por la Iglesia Católica y CEH, mandato de Naciones Unidas- coinciden en que durante el periodo entre 1975 y 1985 las violaciones de los derechos humanos se dispararon. Este dato sirvió para establecer el orden de prioridad a la hora de rescatar los documentos. La recuperación ha requerido meticulosidad en el trabajo. Maquetas del edificio, esquemas de la relación de mandos policiales y cajas debidamente etiquetadas. Aún quedan salas que huelen a papel mojado sin clasificar.

A pesar de su magnitud, el archivo policial no permite sacar a la superficie toda la guerra sucia del Estado durante más de tres décadas de conflicto armado. Las actividades del Ejército, que se centraron en las zonas rurales, dejaron 660 masacres, según la CEH. De éstas no hay ni rastro entre los papeles de la extinta policía nacional. Aún así, para Meoño, el acceso total, irrestricto, a un archivo de esta magnitud “ha representado la oportunidad de sustentar la recuperación de la memoria histórica sobre bases muy sólidas, a la vez que la oportunidad de esclarecer la verdad basándonos en documentos oficiales”. Una verdad a la que las comisiones no habían podido acceder y que evidencia violaciones de los derechos humanos e incluso “actos de terrorismo de estado”, sentencia Meoño. Incluso existen indicios que en las instalaciones del archivo funcionaron cárceles clandestinas.

Hasta la fecha se han digitalizado unos 15 millones de documentos y un acervo se encuentra a salvo y accesible en un portal web, gracias a la colaboración de la Universidad Texas (Austin, Estados Unidos) desde diciembre del 2011. En Guatemala, todo el mundo puede acceder a la historia de la policía. Una historia cuya represión, para el sociólogo Edelberto Torres-Rivas, se basó en “la ideología anticomunista”. Ante la dificultad para definir “quién es comunista y quién no lo es, la violencia fue entonces contra toda la sociedad”, concluye. Así lo demuestran los datos publicados por REMHI, que atribuyen el 93% de los crímenes al Estado.

Existe otro archivo útil para esclarecer los hechos. Se trata del Diario Militar, un documento de la inteligencia militar que fue entregado de forma anónima en 1999, aunque no fue hasta el año 2009 cuando el Estado reconoció su veracidad. Aparecen registrados operativos, secuestros, detenciones secretas, asesinatos e información de las víctimas, entre 1983 y 1985. Unos datos que han contribuido en la búsqueda de desaparecidos y su identificación. El director de la Fundación de Antropología Forense de Guatemala (FAFG), Fredy Peccereli, subraya que el año pasado, identificaron a cinco personas que aparecen en el Diario Militar. Fueron ejecutadas en Comalapa (Quitxaltenango). Al mismo tiempo, muchas de las órdenes consignadas en el Diario Militar constan como ejecutadas por miembros de la policía, según los documentos del AHPN.

Los militares fueron clave para ejecutar la represión en Guatemala. Quien fue presidente en el período más violento, Efraín Ríos Montt, ha sido juzgado por un tribunal nacional acusado de genocidio. El militar fue condenado el 10 de mayo de 2013 a 80 años de cárcel. La celebración de la sentencia histórica duró poco. La Corte Constitucional guatemalteca admitió los recursos presentados por la defensa y la anuló.

Quien gobierna Guatemala actualmente, también fue militar durante el conflicto. Las últimas elecciones dieron la victoria a Otto Pérez Molina, un general con una larga carrera en la contrainsurgencia. En 1982, el actual presidente fue jefe de operaciones en el triángulo del Ixil, en el noroeste del país, donde se cometieron numerosas matanzas de civiles. Está bajo sospecha. Hasta la activista indigenista y candidata para el Frente Amplio de Izquierdas, Rigoberta Menchú, llegó a acusar Pérez Molina de “aniquilar a las comunidades mayas”. Como mayor del Ejército en julio de 1982 llegó a ciudad de Nebaj en Quiché. Estuvo allí hasta el 16 de abril de 1983, con el sobrenombre de Tito Arias. Precisamente, durante el juicio contra Ríos Montt, el pasado mes de abril, el testigo Hugo Bernal, que fue mecánico del cuerpo de ingenieros del destacamento militar Nebaj-Quiché, declaró que “los militares, los soldados, a órdenes del mayor Tito Arias, conocido como Otto Pérez Molina, coordinaban la quema y el saqueo de la gente”. Añadió que “las personas que llegaron a ser ejecutadas en el campamento llegaban golpeadas, torturadas, con la lengua quitada, con las uñas quitadas, entre otras lesiones”. De momento, no hay ninguna causa abierta contra Pérez Molina. Juan Francisco Soto, presidente del Centro para la Acción Legal en Derechos Humanos (CALDH) advierte que la “ley guatemalteca contempla los mecanismo para que ningún funcionario sea totalmente inmune”.

El miedo ha estado latente en Guatemala tras la firma de los Acuerdos de Paz en 1996. Sin embargo, Soto cree que se ha empezado a quebrar y producto de ello, son los procesos judiciales que se llevan a cabo. Pero son largos y difíciles porque la defensa intenta, repetidamente, entorpecer y dilatar los casos. El proceso por genocidio en Guatemala iniciado en el año 2000, cuando la Asociación para al Justicia y la Reconciliación, con el apoyo de CALDH, presentó una querella en contra del Gobierno de Lucas García y su alto mando militar. Un año más tarde, se presentó la querella contra el general Ríos Montt, su ministro de Defensa que era el general Oscar Humberto Mejía Víctores y el jefe de Estado Mayor, el general López Fuentes. Desde que anularon la sentencia contra Ríos Montt, la esperanza cuelga de un hilo. En Guatemala, según Torres-Rivas, “hay una batalla contra el olvido”.

La voz de una tortura en Guatemala

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La voz de una tortura en Guatemala
 

“En Guatemala no hay paz porque se han encargado de que estemos llenos de miedo”. 

Entrevista a Yolanda Aguilar, víctima del conflicto guatemalteco. Su ficha de detención se halló entre miles de documentos en el Archivo Histórico de la Policía Nacional. Detenida con apenas 16 años fue torturada y violada por agentes del Estado en 1979. Su madre había desaparecido y su padre y su hermano ya habían sido asesinados. Dejó su testimonio en el informe REMHI, la Comisión de la Verdad de la Iglesia, para la que coordinó el capítulo sobre violencia sexual contra las mujeres. Tras un proceso personal de años, en 2004 impulsó el proyecto Víctimas Actoras de Cambio. 

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esglobal: ¿Cómo té ayudó dar tu testimonio?

Yolanda Aguilar: Me salvó la vida. En aquel momento, el sentido que tenía para mí vivir era denunciar y hablar de mi experiencia. Muchas personas me escucharon con respeto. Y cuando las personas te escuchan, te regresa básicamente la convicción de que lo que te pasó no es responsabilidad tuya.

esglobal: ¿En algún momento esto ya no es suficiente?

YA: Cuando di mi testimonio y trabajé con el de otras mujeres, el dolor fue desbordante. Entonces comprendí que no podía seguir nombrando sólo el dolor, tenía que hablar de la resistencia y de todo lo que había hecho para sobrevivir. La convicción se transformó en apuesta política para sanar. Las raíces no son sólo los cambios estructurales macro, también son los micro, que determinan el cambio social. No podemos transformar a la sociedad si no nos incluimos en el cambio.

esglobal: Entonces, ¿es necesario romper el rol de víctima?

YA: Todas las personas que hemos vivido en el dolor sabemos que es una manera de seguir siendo queridas, respetadas y reconocidas, porque sufrimos. El miedo a salir de ahí es mucho. Sanar es difícil pero nunca va a ser más difícil de lo que ya hemos vivido. Lo más importante es obtener nuestro propio respeto. Mientras más dolor hayas tenido en tu vida, más fuerza y más herramientas tienes para seguir viviendo.

esglobal: ¿Luego viene el perdón?

YA: No creo en el perdón hacia los otros como borrón y cuenta nueva. Creo que el perdón empieza por uno mismo. Debido a la influencia judeocristiano se ha interiorizado que: ‘perdono, porque sino, voy a tener culpa’. Pero necesitamos comenzar a reconciliarnos con nuestras historias personales. Trabajar para salir de la culpa y de las emociones que me han autodestruido. Si no salgo del dolor y de la condición de víctima, lo único que puedo reproducir es resentimiento y rabia.

esglobal: ¿La sociedad guatemalteca aún tiene que sanar?

YA: Guatemala es una sociedad enferma porque pasamos del conflicto a una paz que no sabíamos como gestionar. No hubo un proceso. Pensábamos que la paz iba a cambiar las condiciones sociales, políticas y económicas. Y no fue así. La evidencia que muestra que no hemos superado la guerra es que ahora tenemos un Gobierno militar con un presidente acusado de genocidio. Es un Ejecutivo electo por aquellos que no se dieron cuenta que hubo un conflicto o quienes se beneficiaron de la violencia. Es una clase media despolitizada o sin memoria histórica. Por eso debemos seguir transformando el país, no podemos esperar cuatro años.

esglobal: ¿Podemos hablar de paz entonces?

YA: En la actualidad, siento que no hay paz, porque este sistema se ha encargado de que los seres humanos nos conformemos como seres llenos de miedo. Tenemos miedo a vivir, más que miedo a morir. En Guatemala vivimos en una sociedad con mucho miedo porque sabemos que nos pueden robar, matar o violar en cualquier momento. Pero en realidad, lo que nos da más miedo es vivir de manera diferente.

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http://www.esglobal.org/la-voz-de-una-tortura-en-guatemala

Iglesias evangélicas proliferan en Guatemala… ¿simple casualidad?

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Iglesias evangélicas proliferan en Guatemala… ¿simple casualidad?

En 1882 se estableció legalmente en Guatemala la primera misión protestante que compitió con la hegemonía de la Iglesia Católica y a la vez abrió el paso para que otras denominaciones religiosas, especialmente evangélicas, se instalaran en el país. Desde entonces se ha observado un crecimiento acelerado de diferentes expresiones religiosas e iglesias, que no necesariamente están enfocadas en ofrecer orientaciones en el ámbito existencial o moral para los guatemaltecos.

POR EDER JUÁREZ

La Constitución establece que todas las personas tienen derecho a practicar su religión o creencia, tanto en público como en privado, y con ese respaldo legal se ha incrementado exponencialmente en el país el número de iglesias, especialmente evangélicas, que formalizan su institución.

Según el Ministerio de Gobernación, hasta el 2011 había 1,723 iglesias inscritas, a las que se les sumaron 237 en el 2012. Además, hay 84 solicitudes para crear nuevas iglesias en trámite, pendientes de aprobación.

El aumento de instituciones religiosas no es solo una cuestión de formalismos; cada vez es más común observar más creyentes en las iglesias, que pueden ser casas sencillas o templos lujosos, comparables en proporción con estadios deportivos o centros de convenciones.

El crecimiento de los movimientos religiosos protestantes es notorio y progresivo, al punto que las iglesias amplían cada vez más la cobertura de los servicios espirituales a otros, como la educación y la salud.

EL CRECIMIENTO

Aunque no se cuenta con datos exactos sobre el incremento de creyentes que migran del catolicismo hacia otras corrientes religiosas, el estudio “El Crecimiento de las Iglesias Evangélicas en Guatemala: Una Mirada Socio-religiosa”, realizado en 2010 por el reverendo Vitalino Similox Salazar con el respaldo del Consejo Ecuménico, ofrece una perspectiva general de la situación.

La investigación señala que de 1882 a 1940 la población evangélica era insignificante, pues representaba a cerca del 2 por ciento de los guatemaltecos, pero para el año 1978 se calculaba en un 17.98 por ciento. Para 1980, los evangélicos ya representaban el 19.10 por ciento de la población, mientras que para el centenario del protestantismo guatemalteco, en 1982, la cifra se había elevado a un 22.34 por ciento.

En 1986, el 30 por ciento de los guatemaltecos ya se consideraba evangélico; durante 1991 la cifra se cuantificó en un 21 por ciento y para el año 2001 en 25.27 por ciento, probablemente por la creación de otro tipo de iglesias y modificaciones en los métodos de obtención de información. Finalmente, la cifra se situó en 30.76 por ciento en el 2006. Esto refleja un crecimiento acelerado de creyentes evangélicos, principalmente a partir de las décadas de los 70 y 80.

Similox, del Consejo Ecuménico Cristiano de Guatemala, indica que las crisis sociales, las dificultades económicas y la desigualdad hacen que las personas recurran a su fe y espiritualidad para encontrar las respuestas a las causas de problemas. “Andan en búsqueda de información y del sentido de su existencia; existen crisis en la humanidad y de valores, y allí es donde radica el crecimiento de estas iglesias”, explica.

El religioso señala que ante tal necesidad, hay personas que se aprovechan y han hecho de la religión un medio de vida: “Han hecho negocio a costa de la búsqueda sincera de algunas personas, volviendo la religión, en este caso la evangélica, pentecostales, etcétera, como una fuente de recursos. Se ha dicho comúnmente que si se quiere salir de una crisis, una persona debe hacer una iglesia, volverse pastor y se resolverá su problema”.

MÁS QUE UNA NECESIDAD

El crecimiento abrupto de las iglesias evangélicas en Guatemala y Latinoamérica en solo dos décadas no fue una simple casualidad, sino un plan orquestado para la región desde Estados Unidos; esa es la tesis que se fundamentó con la trascendencia del informe Rockefeller.

El informe de la Comisión Rockefeller de 1969, creada en Estados Unidos bajo la presidencia de Gerald Ford para investigar las actividades de la Agencia Central de Inteligencia, anotaba que la Iglesia católica era “vulnerable a la penetración subversiva”, que en esa época cobraba fuerza en diferentes países latinoamericanos.

El informe revela que se desarrolló un plan para introducir iglesias protestantes en Latinoamérica y así contrarrestar la influencia de la Teología de la Liberación, que contaba entonces con el respaldo de una importante facción de la Iglesia Católica.

Los religiosos católicos enfocaban su trabajo en principios filosóficos sociales, como la preferencia por los pobres y la necesidad de generar desarrollo para las clases trabajadoras. Eso sería visto como una amenaza desde el exterior, por lo que se articuló un plan para contrarrestar la cohesión social que había desarrollado la Iglesia.

Similox explica que Claudia Dary, una antropóloga guatemalteca, habla de cinco tesis que podrían explicar el auge de las iglesias evangélicas y “una de estas es que por el plan contrainsurgente que llegó del Norte y que las conversiones serían el resultado del éxito de los planes contrainsurgentes y anticomunistas diseñados desde los Estados Unidos, en los cuales se concebía como un ideal la vida alejada de la política”.

“Se proponía un conformismo ante la situación que se vivía a finales de los años setenta, lo que a la larga no comprometería a la población recién convertida con ningún cambio social, mucho menos estructural, y dejaría el statu quo inalterado; en esos años muchos creyeron que solo una reforma moral y espiritual podía sacar a Guatemala del atasco socioeconómico en que se encontraba”, refiere Similox, en referencia a los estudios de la antropóloga.

PREOCUPACIÓN CATÓLICA

El incremento de fieles protestantes ha pasado la factura a la Iglesia Católica, que ha visto una reducción de sus fieles y a la vez, de su influencia sobre la sociedad guatemalteca.

Monseñor Bernabé de Jesús Sagastume, secretario general de la Conferencia Episcopal de Guatemala, dice que la Iglesia Católica es respetuosa de la libertad de credo de los ciudadanos que profesen una religión distinta a la católica. “No podemos restringir a quienes lo hacen de una manera honesta y sincera; claro que aquí no se sabe la verdadera motivación que haya de fondo o intereses de otra índole”.

Sin embargo, la situación tampoco pasa desapercibida. “Nos preocupa, como obispos, el hecho de que siga en aumento la existencia de las iglesias evangélicas, pero no podemos frenarlas o tomar acciones en contra, más que trabajar en la evangelización. La Iglesia no va a conquistar feligreses siguiendo los criterios de ellos, de engaño, de ofrecimiento, de víveres, de trabajo o de dinero, que después es cobrado con el diezmo”, señaló Sagastume.

Además, critica a las iglesias evangélicas que engañan con la condenación eterna –al infierno– y explica que la fe católica ya no utiliza ese lenguaje de juicio o de condena, sino más bien está “llevando la tarea evangelizadora”. “Será por atracción y testimonio que aquellos que se han alejado vuelvan al redil de la Iglesia Católica”.

Según Sagastume, el aumento de la población evangélica se debe a que muchos no han vivido su fe católica de forma comprometida, sino que se han quedado rezagados, alejándose de la Iglesia y conformándose con un mínimo de práctica religiosa, o cuando viven una situación de penuria económica, la muerte de un familiar, vicios, etc. “A veces, son esos intereses los que hacen que algunos que fueron católicos, pero no practicantes activos, se vayan; puede ser que otros por mal testimonio, engaño o algún problema, pero principalmente por la falta de una formación doctrinal”.

Monseñor Sagastume enfatizó que las iglesias evangélicas “comercializan la fe” con las promesas de sanaciones o “situaciones de ese estilo” y a veces con otro tipo de objetos religiosos. “La gente va en búsqueda de sanación o curación, entonces les ofrecen un aceite bendito, un pañuelo, y eso hace que se comercialice la fe, cuando les exigen el diezmo que tienen que pagar”.

Según el religioso, las iglesias evangélicas han sido fundamentalistas, desacreditando a la Iglesia Católica para su propio beneficio, pero a pesar de esa debilitación, indicó que no es la cantidad, sino la calidad de los cristianos católicos, lo que se requiere para reedificar al catolicismo.

EN MOMENTOS DE CRISIS…

Por su parte, Julio Cesar De León, prosecretario de la Alianza Evangélica, señala que la necesidad del país es tal, que continuamente se abren iglesias en lugares donde no existían y considera que “son grupos muy dinámicos que están creciendo por el trabajo que realizan viendo las necesidades espirituales de una población que atraviesa por una crisis”.

Al ser cuestionado si verdaderamente las iglesias evangélicas venden o comercializan la fe, De León indicó que esta situación es, a su criterio, relativa, porque la mayoría de congregaciones que existen en Guatemala tienen un sistema organizativo con gobierno muy bien definido, en donde hay control de muchos de los aspectos financieros.

Entonces, según De León, lo que sucede es que hay movimientos muy fuertes que han logrado construir templos que son “impresionantes” y la apreciación de muchos es que se comercializa la fe, pero estima que “no es una apreciación correcta, pues la mayoría de pastores tiene una labor verdaderamente sacrificial y no es precisamente su interés comercializar sino servir a la mayoría de personas”.

Al ser consultado por las “mega-iglesias”, indicó que la construcción de estas edificaciones es parte de la forma organizativa que tienen las iglesias y concluyó que es el resultado de la contribución de fieles. “Todas las iglesias tienen su sostenimiento en la contribución de sus miembros”, determinó.

Además dijo que el diezmo en la iglesia es una aportación que no tiene carácter obligatorio, entonces “es una oportunidad que establece la Palabra de participación que trae bendición; no en el sentido que si doy el diezmo Dios me tiene que sanar, porque se ha mal entendido esa situación, o que si doy el diezmo Dios me tiene que ayudar a tener una vida mejor, pero una cosa no tiene nada que ver con otra”.

Aseguró que el crecimiento de las iglesias evangélicas ha sido generado por el poco dinamismo que ha tenido la Iglesia Católica. Según De León, se estima que un 43 por ciento del total de la población en el país es evangélico, aproximadamente de entre 6 a 7 millones de personas.

¿UN NEGOCIO?

Sin especificar o generalizar, Similox lamenta que muchas iglesias se hayan convertido en fachadas de otros negocios, no necesariamente claros, objetivos y justos: “Veo grandes construcciones, grandes edificaciones, y en un país tan pobre ¿De dónde viene ese dinero? ¿Quién a manos llenas anda regalando, diezmando y haciendo edificaciones millonarias? ¿De dónde vienen esos recursos?, y en algunas de las expresiones de los líderes dicen hemos hecho esta construcción al estricto contado”.

Además refiere que puede haber negocios ilícitos detrás de algunas agrupaciones religiosas; en “algunas iglesias” existe la posibilidad de “lavado de dinero”. Entonces, a criterio del religioso, el crecimiento de las iglesias es aparente, puesto que la cifra que se maneja no pasa del 25 por ciento de evangélicos.

Dijo que las iglesias evangélicas ofrecen a sus fieles el cielo y hasta llegar a tocar lo sagrado, pero que al final no son ciertos tales ofrecimientos, pues “algunos pastores y líderes han hecho de la fe un negocio”.

Además considera que el crecimiento de la iglesia evangélica no precisamente ha sido en detrimento de la fe católica o de otra iglesia, sino es el efecto de individualismo, competencia y sectarismo que se fomenta en una sociedad que no ha logrado “sanar” las heridas del conflicto armado. “Las personas no se han realizado como imagen y semejanza de Dios, entonces se les ofrece aspectos pasajeros y subjetivos, pero no todo es negativo, pues en algunos casos han ayudado a la comunidad”.

Estas iglesias se han convertido en un “spa espiritual” sin una autoridad central, pues no hay una iglesia evangélica sino hay varias; no hay un ente que los represente o los aglutine y los guíe, sino que cada iglesia local tiene su propia voz. “Esa individualización, proliferación, no incide en cambiar una serie de injusticias que existen en nuestro país, no se puede hablar de la iglesia evangélica, sino de las iglesias evangélicas”.

Según Similox muchas de estas iglesias no están ayudando a la sociedad guatemalteca para formarse como “dignamente debe hacerse”, y ser la imagen y semejanza de Dios. A su criterio, todos los valores de justicia, verdad, amor y equilibrio, “son valores que no están siendo de interés, sino más bien le resolvemos su problema y no importa el resto; aquí usted se salva y no importa lo demás, entonces ese individualismo está dañando mucho a nuestro país”.

“El concepto de competencia y sentirse casi una clase especial, son intocables, infalibles, poseen la verdad, son dueños de la verdad; esos sectarismos dañan a una sociedad que pretende ser democrática, participativa y sobre todo pluricultural”, puntualizó.

EL INICIO

Según el Consejo Ecuménico Cristiano de Guatemala, la iglesia evangélica se inició en el arribo de la Misión Presbiteriana en 1882.

Luego llegaron las misiones centroamericanas en 1899; “Amigos” (en Chiquimula) en 1902; Nazareno, (en las Verapaces) en 1904; y la Misión Metodista Primitiva, en 1921, en el Quiché y Totonicapán. Seguida por la Alianza Cristiana Misionera, en Santa Rosa, los Cuáqueros (Amigos) en Chiquimula, entre 1899 a 1930; éstas últimas consideradas movimientos de santidad.

De 1930 a 1965 llegan las de corriente pentecostal, Asamblea de Dios, Iglesia de Dios, Iglesia Cuadrangular, Príncipe de Paz (ésta de origen guatemalteco) y una serie de muchas más hasta hoy.

A partir de 1970 a la fecha, aparecen las neopentecostales, Verbo, Elim., Fraternidad Cristiana, Puerta del Cielo, Lluvias de Gracia, Familia de Dios, etc., que a la fecha son más de 20 mega-iglesias, en la ciudad capital y los principales departamentos del país.

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http://lahora.com.gt/index.php/nacional/guatemala/reportajes-y-entrevistas/172121-iglesias-evangelicas-proliferan-en-guatemala-isimple-casualidad

En Guatemala crecen las iglesias evangélicas, pero no en la política

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En Guatemala crecen las iglesias evangélicas, pero no en la política

Agencia Reuters. Desde ciudad Guatemala. | 28 mayo de 2007

Miles de feligreses evangélicos de Guatemala celebraron el domingo la apertura de su mayor templo en Centroamérica, en donde los grupos protestantes están reduciendo el dominio católico.

La Iglesia de la Hermandad Cristiana, que alojó a alrededor de 12,000 personas cómodamente sentadas, estaba tan saturada que incluso los guardias tuvieron que retirar a algunos feligreses durante una misa a la que acudió el presidente Oscar Berger.

Los protestantes, quienes se autodesignan como evangélicos o miembros del Pentecostés, ahora representan el 40 por ciento de la población total de Guatemala, por arriba del 6 por ciento que tenían en 1981. Sus iglesias y agrupaciones también controlan decenas de estaciones de radio y televisión.

“Dios puso su mirada en Guatemala”, dijo Rodolfo Mendoza, el pastor de la Casa de Dios, una de las mayores iglesias. “Guatemala es uno de los países en donde más crecimiento de la Iglesia Evangélica ha habido en los últimos 30 años en todo el mundo”, agregó.

Las pequeñas iglesias protestantes, especialmente aquellas evangélicas que se centran en propagar su fe hacia fieles potenciales, han actuado con mayor rapidez que la Iglesia Católica en los pequeños poblados que han surgido al margen de las ciudades latinoamericanas en décadas recientes.

Los grupos evangélicos han ganado popularidad al concentrarse en el combate al consumo excesivo de las drogas y el alcohol, en el que están sumidos una mayoría de los pobres en la región.

Pero el aumento no se ha trasladado a la política en Guatemala, que tiene elecciones presidenciales en septiembre.

El candidato evangélico, Harold Caballeros, un pastor retirado que ha prometido corregir el corrupto sistema político de Guatemala, se está quedando detrás de otros candidatos, con menos del 3 por ciento de las simpatías, según los sondeos de opinión.

“No creo que todos aquí van a votar por él, somos una Iglesia pero en la política cada uno piensa diferente”, dijo Javier Ramos, un vendedor de 54 años, en las afueras de la Iglesia de la Hermandad Cristiana.

Incluso Caballeros reconoce que casi no tiene oportunidad de ganar votos en la justa, en la que compite con el economista centro izquierdista Alvaro Colom, quien encabeza las preferencias; contra el militar retirado Otto Pérez Molina y contra la premio Nobel de la Paz, Rigoberta Menchú.

“En Estados Unidos desde el tiempo de los ‘founding father’ (fundadores) ha habido una manifestación de las creencias puritanas en la política”, dijo Caballeros. “Aquí el evangélico ha creído que (la política) es pecado”, agregó.

A diferencia de los grupos religiosos en Estados Unidos, los feligreses evangélicos de Guatemala son desconfiados de la política, en parte por el comportamiento violento de los años 1980 de líderes como el despiadado dictador Efraín Ríos Montt, el primer presidente evangélico de Guatemala.

“La gente va a dudar de Caballeros porque ya fue quemado por otros presidentes evangélicos del pasado”, dijo Virginia Burnett, una experta en temas protestantes en Guatemala, de la Universidad de Texas.

Ríos Montt encabezó una dura campaña insurgente en contra de los indígenas mayas de izquierda y ahora es buscado por genocidio por una corte española

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http://www.radiolaprimerisima.com/noticias/14325/en-guatemala-crecen-las-iglesias-evangelicas-pero-no-en-la-politica

JUICIO POR GENOCIDIO EN GUATEMALA

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JUICIO POR GENOCIDIO EN GUATEMALA 

Autor: Paulo Arieu

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Introducción:

Al ex-pastor Efrain Ríos Montt, yo lo conocí personalmente, durante una conferencia internacional en Mar del Plata hace unos 20 años atrás, una de las ciudades mas importantes de mi pais.El era el predicador mas importante de la actividad. También estaba uno de sus hijos predicando esa noche. Recuerdo que al finalizar la reunión, ambos oraron por cada uno de los que est◙bamos allí presentes. También oraron por mi.

Ahora, este predicador, ex-presidente de Guatemala, se encuentra acusado de genocidio por juntas civiles de su pais.El pastor Efraín Ríos Montt, de 86 años, es el primer exjefe de Estado centroamericano juzgado por genocidio. La inmunidad política le protegió durante años de responder por las atrocidades cometidas durante su mandato, entre 1982 y 1983. Este predicador, era un militar de carrera, quien renunció al Ejército para presentarse a las presidenciales de 1974, en las que quedó segundo.

Lamentablemente, estaba influenciado por  un mesianismo de tintes milenaristas. El era pentecostal desde 1978, donde ejercía labores de evangelización. Entonces, el golpe militar de 1982 le ofreció una oportunidad única para llegar al poder.

Lamentablemente, su fuerte  caracter autoritario le traicionó y su espiritualidad cristiana fue ahogada por su autoritarismo, típico de las ideologías de la derecha latinoamericanas.

Las acusaciones que pesan sobre el

El 17 de enero de 2007, Ríos Montt dio a conocer que se presentaría al Congreso en las elecciones de ese mismo año. Como miembro del Congreso, gozaría de inmunidad parlamentaria y no podría ser enjuiciado a menos que un tribunal lo destituyera. Obtuvo su puesto parlamentario el 9 de septiembre de 2007 y lideró a los 15 diputados del FRG (Frente Republicano Guatemalteco) en el Congreso.
 
Su inmunidad terminó el 14 de enero de 2012, cuando cesó su puesto en el Congreso. El 26 de enero de 2012 Ríos Montt compareció ante un tribunal de Guatemala y fue formalmente acusado de genocidio y crímenes contra la humanidad junto con otros tres antiguos generales. Durante la comparecencia él se negó a testificar. El tribunal lo puso bajo arresto domiciliario en espera de su juicio. El 1 de marzo de 2012, un juez guatemalteco rechazó la apelación de la defensa y declaró que la Ley de Amnistía de Guatemala no se puede aplicar en cargos de genocidio.
 
El día 28 de enero de 2013, Miguel Ángel Gálvez (juez primero B de mayor riesgo) dio apertura de juicio contra José Efraín Ríos Montt y José Mauricio Rodríguez Sánchez, por los delitos de genocidio y crímenes de lesa humanidad.10 En marzo de 2013 consigue un amparo provisional del juicio.11 El 19 de marzo de 2013, una jueza abrió formalmente juicio contra el octogenario exdictador, acusándolo de genocidio contra indígenas durante su régimen (1982-1983), delito por el cual puede ser condenado a medio siglo de reclusión.

  • “El Ejército esperaba que nos fuéramos al campo para violar y matar a las mujeres” 
  • “Los soldados prendían fuego a las casas para quemarnos vivos”, cuenta un testigo
  • El expresidente Efraín Ríos Montt escucha impávido el relato de supervivientes del genocidio

indio

El juicio enfrenta a Guatemala con el horror de los ochenta

En el tercer día del juicio por genocidio contra el expresidente Efraín Ríos Montt, los supervivientes de las masacres perpetradas por el Ejército contra población civil desarmada continuaron narrando este jueves el horror vivido durante la guerra civil que ensangrentó el país centroamericano entre 1960 y 1996 y, en concreto, durante el mandato de Ríos Montt (1982-83). En primer plano, el principal imputado escuchaba, tieso como un maniquí y sin mostrar emoción alguna, los relatos del salvajismo con que las tropas a su mando masacraron comunidades rurales indígenas enteras.

“Mi padre tenía 82 años en el momento de ser asesinado. Lo encontré tirado en una casa vecina. Su cuerpo estaba cubierto de sangre”, contó Diego Velázquez, quien a preguntas de la juez precisó que el asesinato ocurrió el 20 de julio de 1982. No pudo precisar si había sido víctima de las balas de los soldados, o había muerto a machetazos. “Solo recuerdo que estaba cubierto de sangre”, dijo a través de un intérprete.

Juan López Mateo, sobreviviente de una matanza en una aldea de Nebaj (departamento de Quiché, al norte del país), perdió a su familia el 2 de septiembre de 1982. Salvó la vida porque había salido muy temprano a trabajar la milpa (sembradío de maíz). “Cuando volvía a la aldea escuché el llanto de un niño pequeño, lo que me alertó de que algo malo estaba ocurriendo”, narró. Conforme se acercaba al poblado, “escuché disparos. Eran como las diez de la mañana”, dijo. Logró llegar a su vivienda a eso de las tres de la tarde, cuando los soldados ya se habían marchado. “En mi casa encontré los cadáveres de mi mujer y de mis hijos, de cinco y dos años”, contó con la voz entrecortada. Preguntado por si había visto a más personas asesinadas, se limitó a responder que “eran muchas”, pero que después de 31 años no podía arriesgar una cifra. Sí recordó que uno de sus niños había sido asfixiado con un lazo y el otro tenía la cabeza destrozada a golpes. Los soldados también quemaron la casa y destruyeron todos sus bienes. “Fue el Ejército”, expresó sin sombra de duda.

Cuando llegué a casa, encontré a mis suegros y a mis tres hijos muertos. También mataron las cuatro vacas que tenía

Otro de los testimonios, Pedro Álvarez Brito, contó ante el tribunal que los militares asesinaron a toda su familia. “El Ejército rodeó la casa”. Su hermana, “recién parida con el bebé”, otro de sus hermanos pequeños y él mismo lograron refugiarse en un temascal (baño maya de vapor), desde donde vieron cómo la totalidad de los habitantes de la aldea fueron introducidos, a la fuerza, en una casa.

“Uno de los soldados”, añadió, “empezó a apropiarse de las gallinas y pollos de la familia” dueña de la casa. Recuerda que las aves eran 60, el mayor patrimonio doméstico. “Por mala suerte, una de las gallinas, que no se dejaba capturar, se metió en el temascal”, lo que hizo que él y sus hermanos fueran descubiertos y conducidos, también a la fuerza, a la vivienda. “Luego quemaron la casa”, contó Brito. El relato de otros supervivientes abundó en esa imagen: que los soldados rociaron de gasolina las viviendas y les prendieron fuego para quemar a la gente viva.

“No sé cómo lo hice, pero logré escapar entre las llamas y me refugié bajo un árbol. Así estuve, escondido como un animal acorralado, por ocho días, sin comer ni beber. Desnudo y sin abrigo”. Como los militares habían asesinado a sus padres y sus hermanos mayores, quedó solo. “Ahora solo pido justicia, para que mis hijos no sufran una experiencia semejante”, concluyó.

Particularmente crueles resultaron los testimonios acerca de ataques perpetrados desde helicópteros. “Disparaban contra todo lo que se movía. Así murieron indiscriminadamente niños, mujeres y ancianos”, narró una mujer septuagenaria.

Disparaban desde helicópteros contra todo lo que se movía. Así murieron indiscriminadamente mujeres, niños y ancianos

En Villa Hortensia de San Juan Cotzal (Quiché), “el 10 de septiembre de 1982 ingresaron los militares. Se llevaron a todos los pobladores y quemaron las casas. Mi padre, Nicolás Gómez, fue de los que murieron ese día”, relató Inés Gómez. En la misma incursión, el Ejército mató a toda la familia de otro de los supervivientes: “Cuando llegué a mi casa, encontré a mis suegros y a mis tres hijos muertos. También mataron las cuatro vacas que tenía”.

Pedro Meléndez tenía diez años en 1982, cuando presenció el asesinato de su padre y tío. “Mi papá —dijo en el tribunal— murió baleado. A mi tío le cortaron el cuello con un machete”. El drama no terminó entonces. Los sobrevivientes buscaron refugio en las montañas, donde vio morir de hambre a sus hermanos, de cinco, tres y un año de edad.

Las denuncias se repiten y todas coinciden en describir un mismo patrón en el ataque. Solo cambian el lugar y la fecha. “Creo que el Ejército, que nos vigilaba, aprovechaba que los hombres salíamos a nuestras labores agrícolas para entrar a la aldea, violar y matar a las mujeres”, dijo Juan López Matón, quien puntualizó que muchos de quienes lograron refugiarse en las montañas murieron de hambre, “pues los soldados quemaban las cosechas”.

El proceso, para el que la fiscalía ha presentado 205 testimonios entre peritos y testigos, continuará hasta que preste declaración el último de ellos. El hecho de que los supervivientes, indígenas, no hablen español incide en la lentitud del juicio.

Un proceso histórico en Centroamérica

  • Efraín Ríos Montt, de 86 años, se ha convertido en el primer exjefe de Estado centroamericano juzgado por genocidio.
  • Para llevarle ante la justicia hizo falta esperar hasta el año pasado, cuando Ríos Montt dejó de ser parlamentario: la inmunidad le protegió durante años de responder por las atrocidades cometidas durante su mandato, entre 1982 y 1983.
  • Militar de carrera, Ríos Montt renunció al Ejército para presentarse a las presidenciales de 1974, en las que quedó segundo. Imbuido de un mesianismo de tintes milenaristas —marca de la iglesia evangélico-pentecostal que abrazó en 1978—, ejercía labores de evangelización cuando el golpe militar de marzo de 1982 le ofreció una oportunidad para llegar al poder.
  • En los escasos 17 meses que presidió el país, la violencia ensangrentó las zonas rurales. El Ejército y los paramilitares ejecutaron una política de tierra quemada con matanzas generalizadas de campesinos e indígenas considerados próximos a la guerrilla de la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG), sobre todo en los departamentos de Quiché y Huehuetenango.
  • Ríos Montt, que ilustraba sus discursos con citas bíblicas, se jactó de la represión armada como el método expeditivo más eficaz para privar a los insurgentes de su base popular. “El buen cristiano”, dijo una vez, es aquel que blande “la Biblia y la metralleta”.
  • El expresidente está acusado del asesinato de al menos 1.771 indígenas de la etnia maya ixil. La fiscalía le acusa también de tolerar la práctica generalizada de violaciones, torturas e incendios provocados contra propiedades de insurgentes.
  • Alrededor de 200.000 civiles, la mayoría indígenas de ascendencia maya, fueron asesinados entre 1960 y 1996 en la guerra civil que enfrentó a una sucesión de Gobiernos derechistas con guerrillas de inspiración comunista. Unas 45.000 personas desaparecieron en ese periodo.

Conclución:

El pensamiento en America Latina ha cambiado,sin duda. Hace treinta años aun pensabamos que las dictaduras “eran buenas” pero llegamos hasta el trueque y las mas profundas de las miserias para darnos cuenta que aun con defectos, las democracias siempre son mejores, claro, si dejan democracia, en algunos paises de Europa ya ni eso queda sino una aristocracia que gobierna a traves de bancos y terror socioeconomico… triste comienzo del siglo 21.

José Efraín Ríos Montt (Huehuetenango, 16 de junio de 1926) es un político y militar guatemalteco que encabezó la dictadura existente en ese país entre los años 1982 y 1983; es considerado uno de los representantes más duros de los gobiernos militares de Centroamérica.

Las acusaciones contra su perosna, son muy fuertes. El expresidente ha podido escuchar personalmente durante el jucio, el relato de algunos supervivientes del genocidio del que fue responsable por ser el presidente en ese momento. “El Ejército esperaba que nos fuéramos al campo para violar y matar a las mujeres” y  “Los soldados prendían fuego a las casas para quemarnos vivos”, cuenta un testigo aterrorizado. Son acusaciones muy tremendas,por las que este predicador debera responder.Algo que me llama la atencion acerca de Ríos Montt, es que se lo acusa de que ilustraba sus discursos con citas bíblicas, se jactaba de la represión armada como el método expeditivo más eficaz para privar a los insurgentes de su base popular.

El dijo que

“El buen cristiano”, dijo una vez, es aquel que blande “la Biblia y la metralleta”.

Esperemos que este hombre reciba un justo juicio de parte de las autoridades civiles de su pais.Lamentablemente, el que a hierro mata, a hierro muere. Lamentablemente, alrededor de 200.000 civiles, la mayoría indígenas de ascendencia maya, fueron asesinados entre 1960 y 1996 en la guerra civil que enfrentó a una sucesión de Gobiernos derechistas con guerrillas de inspiración comunista. Unas 45.000 personas desaparecieron en ese periodo. Sin duda,es lamentable todo lo que pasó. La derecha en America Latina ha perdido poder politico, y ahora esta siendo juzagada por las ideologias izquierdistas que estan en boga en estos tiempos. Probablemente hace 30 años atrás,nadie le hubiese dicho nada. Pero los tiempos cambian.

El 26 de abril de 1998 fue asesinado el obispo Juan Gerardi, dos días después de haber este publicado su informe Guatemala: Nunca más, donde presentó pruebas de cuarenta años de represión en ese país: 200 000 indígenas asesinados y un millón de exiliados. Nueve de cada diez víctimas eran civiles desarmados, en su mayoría indígenas. El 90 % de los crímenes había sido responsabilidad del Estado guatemalteco. En sustitución de Gerardi, fue nombrado director del organismo católico ODHAG (Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado de Guatemala) el obispo católico Mario Enrique Ríos Montt, hermano del general. Fue el encargado de continuar los trabajos del REMHI (Proyecto Interdiocesano de Recuperación de la Memoria Histórica), institución primordial en la investigación de los delitos de los que se acusa al mismo Efraín Ríos Montt y a otros civiles y militares entre 1960 y 1996.

Que hubiese pasado si la izquierda comunista hubiese triunfado en Guatemala en aquella época? Hubiese sido Guatemala como Cuba, seguramente. No defiendo las practicas de este ex-presidente, pero solo basta con mirar a Cuba para saber lo que esta bien y lo que esta mal. Cuba es un pais donde no existe la palabra libertad. Donde el gobierno tiene un comite politico en cada cuadra, y donde para poder acceder a los beneficios educativos y laborales, todos en manos del gobierno. es necesario asistir y participar de las ideologias del gobierno comunista, una dictadura del proletariado, pero dictadura al fin,donde el pueblo es pobre yu sufre hambre, pero el gobierno es rico y come como reyes que dicen ser.

Esa es la verdadera cara del comunismo. Aunque usar la biblia y la metralladora, o la espada y Cristo como han hecho muchos curas tercermundistas en su epoca,  ni es etico, ni es moral ni es el evangelio del reino que Cristo vino a predicar. Pero a las dictaduras 9del signo que sean) se les olvida esto enseguida. No les conviene el cristianismo del reino. Les debilita su poder terrenal y su autoridad humana.

Y en cuanto a este predicador, es hora que le llegue justicia,pero eso si, que sea realmente justa y no tan sanguinaria como lo fueron las derechas o la izquierda comunista histórica.

Dios  lo bendiga

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