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Albert Camus buscó a Dios antes de su accidente mortal

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Albert Camus buscó a Dios antes de su accidente mortal

Entre todo lo publicado alrededor de la muerte de Albert Camus, hace 50 años, está el interesante punto de vista de un pastor metodista americano. Howard Mumma conoció en su iglesia en París al filósofo francés meses antes de que éste se estrellara contra un árbol en un accidente de coche. Ahora Mumma relata en su libro El existencialista hastiado: conversaciones con Albert Camus su propia visión de los últimos años de un pensador que sigue teniendo impacto por su lúcida búsqueda por lo real. José de Segovia reflexiona sobre qué tipo de fe pudo haberse creado en la vida del “tremendamente llamativo e inspirador” filósofo francés.

Fue en enero de este año cuando se desencadenó el habitual torrente de libros retrospectivos sobre Albert Camus, y no sorprende visto el inmenso interés que el pensador nacido en Argelia aún levanta “no sólo en centros de educación” sino en las generaciones jóvenes, “que lo leen por placer”. Entre las obras que pretenden resumir el legado de Camus están Camus, el Intocable (Jean-Luc Moreau), Los últimos días de Albert Camus (José Lenzini) o el libro de su propia hija, Catherine Camus: Albert Camus, solitario y solidario. Sobre su literatura se ha debatido además acaloradamente en Francia después de que Nicolas Sarkozy anunciara su intención de llevar sus restos mortales a la cripta del Panteón de París, donde también están los de Voltaire, Rousseau y Emile Zola.

Entre los retratos menos comentados hay el de Howard Mumma, un pastor metodista que durante algunos años predicó en la iglesia protestante americana en París. En su libro recoge las memorias de su amistad con Camus, y reflexiona sobre la impresión que a él le dejaron las conversaciones que pudo tener con el filósofo. Lo que Camus pensaba sobre Dios, y sobre cómo la fe podía o no encajar en su visión de la vida.

ENCUENTRO ENTRE PASTOR Y FILÓSOFO

Mumma, explica José de Segovia, “no quiere con el libro sumarse un tanto como orientador espiritual del filósofo” sino que simplemente se esfuerza por poner por escrito su relación con Camus. Fue la música del conocido organista Marcel Dupré lo que atrajo Camus a la iglesia que pastoreaba Mumma. En el primer encuentro que tuvieron, Camus ya le reconoció al pastor que buscaba algo más que la música. No fue pues, mera curiosidad, sino “una auténtica búsqueda espiritual”.

Explica Segovia que la “sensibilidad de Camus por el tema del sufrimiento era tremenda”. El problema del mal era uno de los principales obstáculos para creer en la existencia de un Dios como lo describe el cristianismo. “Era un hombre al que le costaba mucho comprender como puede haber un Dios de amor que permite el dolor de los niños”. En las conversaciones con el pastor Mumma, por tanto, Camus volvía constantemente a este tema, ya que “en su filosofía misma, el problema del mundo y de la vida parten de la injusticia”, explica Segovia.

Camus, sin embargo, las veces que asistía a la iglesia, realmente escuchaba las predicaciones, y prueba de ello es que, como Mumma describe en el libro, en una comida compartieron el filósofo le empezó a preguntar sobre el contenido de sus sermones. Las preguntas querían probar la literalidad de la Biblia y ver las posibilidades de que Dios encajara en sus propios planteamientos de la vida.

LAS PREGUNTAS DE CAMUS

Así pues, llega un momento en el que Camus se enfrenta directamente con la Biblia. Explica Segovia que “una copia en francés de la Biblia se la regala el pastor, y las preguntas ahí se multiplican”. Al comenzar Camus a leer regularmente los textos bíblicos, sus preguntas ya irán basadas directamente sobre la definición que de Dios encuentra allí.

Pero las respuestas que Mumma daría a Camus son “algo decepcionantes”, opina Segovia. “Mumma ve un cierto sentido de revelación” en la Biblia, pero él mismo, como pastor, no “confía demasiado en el relato bíblico” por el que Camus le pregunta. El pastor incluso anima al filósofo a hacer lecturas simbólicas de la Biblia, “y a veces”, comenta Segovia tras leer el libro, “no sabes quién está más perdido, si el pastor o el filósofo”.

Sin embargo, “pese a lo precario de las respuestas del pastor”, Segovia destaca que las “inquietudes de Camus no desaparecen, más bien al contrario”. Y considera que más allá de las interpretaciones equivocadas que los mismos pastores pueden hacer, hay importancia en el hecho que Camus pudiera escuchar en esta iglesia protestante la lectura directa de los textos bíblicos. Y esto “se ve en la evolución de las conversaciones”, que se van centrando cada vez más en lo que Camus lee en la Biblia, lo cual demuestra, para Segovia, la importancia de que la Biblia sea protagonista, ya que es el mensaje “vivo y eficaz, a pesar de nosotros mismos [los cristianos]”, cosa que se ve en la relación entre Camus y Mumma.

Camus mismo, cerca del final abrupto de su vida, le plantea a Mumma la posibilidad de bautizarse, explica el propio pastor americano en su libro. Pero Segovia duda si el filósofo realmente habló de ello por un entendimiento claro del evangelio, o si lo veía más como un rito. Mumma mismo reconoce sus dudas sobre la posibilidad que Camus hubiera entendido el mensaje bíblico y se hubiera convertido.

Es en las últimas páginas de El existencialista hastiado que uno se identifica de una forma más cercana con el pastor, comenta Segovia. En la reflexión de Mumma tras la muerte en accidente de Camus, destaca “su propia conciencia de fracaso” por no haber hecho más por la fe del filósofo.

J. DE SEGOVIA: “CAMUS BUSCÓ TODA SU VIDA”

Más allá del libro, José de Segovia coincide con Mumma en describir a Albert Camus como un “existencialista hastiado, un buscador cansado”, que a diferencia de otros filósofos franceses como Sartre, “no se cree en posesión de la posesión de una verdad que ya ha conseguido”. La “experiencia de falta de respuestas” no le enorgullece en sus planteamientos filosóficos, sino que le “lleva a una mayor insatisfacción”.

El filósofo buscaba una experiencia radical. “Prácticamente toda su vida siguió buscando”, opina Segovia. Camus mismo diría en 1954 que el que le denominaran como ateo no tenía ningún sentido, que era una definición que le sonaba “vacía”. Tampoco le gustaba ser etiquetado como “existencialista”. Según Segovia, Camus era una “ateo en la práctica, pero no defendía el ateísmo de una forma racional, filosóficamente”. “Estaba abierto a todo lo contrario”, no cerraba la puerta a nada, explica Segovia, porque su búsqueda de la verdad está por encima de unas normas de juego delimitadas. Al final de su vida, explica Segovia, “no ve solución y sentido a la existencia, y su humanismo entra en crisis”, por lo que en los años previos a su muerte repentina, se abre la puerta a la posibilidad de la fe.

“Camus buscaba el sentido de la vida”, considera Segovia, tras un matrimonio fracasado, amistades rotas y sentirse desencantado con la ideología comunista. “Estaba en un momento existencial bastante grave, y abierto al milagro de lo que pudiera ser la aparición de la fe”, así que “quién sabe qué estaba ocurriendo en él, y en qué estado murió”.

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Fuente: eMision.net, Público. Redacción: Joel Forster, Protestantedigital.com, MADRID, 05/10/2010 (Público, emision.net/ J. Forster, Protestantedigital.com)

Evangélicos abandonan su pueblo debido a presión de católicos

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Evangélicos abandonan su pueblo debido a presión de católicos

Autor:Paulo Arieu 

Introducción

Los portales cristianos informan que en México continúan las presiones sociales en contra de los evangélicos pentecostales indigenas. Un grupo de 26 familias evangélicas abandonó su comunidad de origen en el poblado La Piedad, del municipio de Las Margaritas, en la selva de Chiapas, después de que católicos tradicionalistas les suspendieron el suministro de agua potable, energía eléctrica e impidieron la recolección de leña.

El pentecostalismo es la rama del cristianismo que se está extendiendo más rápido en todo el mundo. Nació en 1900, en Topeka, Kansas, cuando por primera vez en la era moderna se unieron el gesto de imponer las manos, la oración “en lenguas” y la petición de experimentar el “bautismo en el Espíritu” (en ambientes católicos se prefiere hablar de “efusión del Espíritu”).

Otro caso de persecución?

Genaro Jiménez López, representante de los agraviados, informó que el pasado 14 de abril los cristianos evangélicos se desplazaron de su tierra de origen al municipio de Comitán de Domínguez para resguardar su integridad física.  El vocero de los evangélicos denunció que las autoridades del poblado les exigen el pago de 5 mil pesos por familia, además de que los condicionan a dejar sus creencias para tener acceso a los servicios básicos, suspendidos desde hace casi un mes. Precisó que si bien no fueron desalojados directamente, las familias dejaron la comunidad presionadas por la prohibición de los servicios fundamentales.

“No nos corrió la comunidad pero como ya no tenemos agua, no nos permiten recolectar leña ni usar el sello, el domingo a las 21 horas salimos las 130 personas hacia la ciudad Comitán, donde permanecemos refugiados”, detalló.

Genaro Jiménez expuso que el distanciamiento con las autoridades tradicionalistas creció porque los evangélicos se negaron a proseguir el pago de cooperaciones, de 35 o 50 pesos, para las festividades católicas del lugar. El evangélico señaló que interpusieron una querella por privación ilegal de la libertad, derivado de la retención de cuatro evangélicos, antes de que dejaran el poblado. F: El Universal MX

Conclución

El pasado 11 de abril se clausuró en la Ciudad del Vaticano el Simposio Internacional “Evangélicos, pentecostales y carismáticos. Los nuevos movimientos religiosos, un desafío para la Iglesia católica”, organizado por la Conferencia Episcopal Alemana, con la presencia del cardenal Kurt Koch, presidente del Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos y conteólogos, pastoralistas y sociólogos del mundo entero. Dos expertos que conocen la situación en América Latina comentaron a agencia Zenit por qué millones de católicos dejan la Iglesia para ir a estos grupos y cómo evitarlo.

Recientemente, el sociólogo José L. Pérez y el obispo en Perú Norberto Strotmann pidieron cambios pastorales rápidos y menos clericalismo para frenar la marcha de fieles. “Hay que tener pentecostales católicos, eso funciona”, dice Strottman.

“La Iglesia debe ser capaz de hacer sentir la necesidad de la presencia de Dios en la vida diaria, pero no para fastidiar y restringir o controlar, sino para ayudar”, añade el obispo

Hoy son unos 400 millones las personas de espiritualidad carismática o pentecostal, entre ellos muchos millones de católicos, agrupados en los movimientos, grupos y comunidades del ámbito de la Renovación Carismática Católica.

Pero esto que leemos que esá pasando en México, es increíble y asqueroso, los idiotas son como las hormigas , se reproducen a mansalva y no se extinguen jamás.Mas allá de todo los mismos católicos practicantes tienen que denunciar estas arbirtrariedades a las autoridades eclesiales , porque este es el accionar de unos pocos , la iglesia católica REPRUEBA este tipo de accionar en los tiempos que corren. Prediquemos libertad de conciencia y sano respetuo mutuo, esto es una parte fundamental del cristianismo también.

“A pesar de las ilusiones racionalistas, e incluso marxistas, toda la historia del mundo es la historia de la libertad”  (Albert Camus)

Fuentes periodísticas: