CONCEPTO DE ESCEPTICISMO Y DE RELATIVISMO ETICO. ESPECIES

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CONCEPTO DE ESCEPTICISMO Y DE RELATIVISMO ETICO. ESPECIES

Por: Dr. Camilo Tale (http://www.filosofiayderecho.com/rtfd/numero5/moral.htm)

El relativismo se define como la concepción que, sin negar la posibilidad de alcanzar verdades, admite para éstas tan sólo una validez limitada a una época, a un pueblo o a una civilización dada, o aun al ámbito exclusivo del individuo que la sienta como tal. Esta actitud gnoseológica también data de la Antigüedad griega. En el siglo V a.C. Protágoras, el príncipe de los sofistas, en su enseñanza oral y en algunos de sus libros perdidos, afirmó las ideas siguientes:

“Sobre cualquier tema se pueden mantener con igual valor dos tesis contrarias entre sí” (3);

“Justo e injusto es para cada comunidad (pólis) aquello que ella tiene por tal y que, por razón de ello, eleva a ley” (4);
“Porque las cosas que les parecen justas y bellas a cada pólis, lo son también para ella, mientras las crea tales”(5)

Según nos refiere Platón, Protágoras también decía que

“el hombre es la medida de todas las cosas, de las que son en cuanto son, y de las que no son, en cuanto no son” (6),  y con esto significaba que “lo que me parece a mí cual¬quier cosa, tal es ella para mí, y tal como te parece a ti, tal es para ti”. Protágo ras asimilaba los juicios humanos referidos a lo bueno y a lo malo, a lo justo y a lo injusto, a los enunciados que los hombres hacen en materia de sabores y de sensaciones térmicas: Soplando el mismo viento, uno de nosotros siente frío y el otro no; uno, apenas siente un poco, y el otro mucho. No es exacto decir que este viento es por sí mismo frío o que no es frío; lo correcto es decir que es frío para quien tiene escalofríos, y que para quien no tiembla, no es frío (7).

Análogamente, al enfermo le parece y resulta amargo cierto manjar, mientras que al sano le sucede todo lo contrario. Ahora bien, a ninguno de los dos debe tenerse por más sabio que al otro (8).

Protágoras decía que, de la misma manera, cuando un hombre afirma “esto es justo”, tan sólo expresa una sensación de agrado, y cuando dice “tal cosa es injusta”, no hace otra cosa que manifestar una sensación de desagrado.
De tal modo, frente a la mayoría de los filósofos helenos, que reconocían que existen como realidades objetivas lo éticamente valioso y lo éticamente disvalioso, y que tales cosas son objeto de ciencia (epistéme), Protágoras negó la objetividad de estos y de todos los conocimientos humanos, con la única excepción, probablemente, del saber matemático.

En la centuria pasada, Georg Hegel sustentó un relativismo de tipo historicista:

“En lo que respecta al individuo, cada uno es hijo de su tiempo; de la misma manera, la filosofía es su tiempo aprehendido en pensamientos. Es tan insensato (töricht) creer que una filosofía puede ir más allá de su tiempo presente, como creer que un individuo pueda saltar fuera de su tiempo” (9).

En el siglo presente, Oswald Spengler ha sido uno ha sido uno de los representantes más conspicuos del “relativismo cultural”. En su conocida Decadencia de Occidente, se lee:

“No hay verdades eternas. Toda filosofía es expresión de su tiempo y sólo de él” (10).
“Frente a problemas tan difíciles como el del tiempo o el del matrimonio, no basta consultar la experiencia personal, la razón, la opinión de los antecesores o de los contemporáneos. Por este camino se llegará, sin duda, a conocer lo que es verdadero para uno mismo o para la época en que uno vive. Pero esto no es todo (…) a distintos hombres, distintas verdades. Y para el pensador todas son válidas o no lo es ninguna” (11).
“Se derrumba la pretensión del pensamiento, que se jacta de descubrir verdades universales y eternas. No hay verdades sino con relación a un determinado tipo de hombres. Mi filosofía es ella misma expresión y reflejo del alma occidental (a diferencia, por ej., de la antigua y de la india); y lo es sólo en su actual estadio de civilización” (12).

El destacado sociólogo y antropólogo Edward Westermarck (1862-1939) sostuvo que no hay verdades morales universales, y que en consecuencia no puede haber una ciencia etica normativa, de modo que lo moral ha de estudiarse sólo dentro de la psicología o la sociología (13).

También han expresado el relativismo moral otros varios antropólogos, como Bronislaw Malinowski (18841942) y Melville Herskovits, uno de los más ardientes defensores de esta idea (14).
En el pensamiento económico contemporáneo, los dos representantes más afamados de la escuela liberal, Ludwig von Mises y Friedrich von Hayek han hecho profesión expresa de relativismo ético (15).

De tal modo impugnaron la posibilidad de estimar los precios como justos o injustos, y también los salarios, y en general, la posibilidad de valorar como justo o como injusto el contenido de las relaciones económicas; asimismo rechazaron toda posibilidad de una política económica que orientara de algún modo la economía en función de las necesidades del hombre, porque estimaron que no existe un concepto objetivo de “necesidad humana”, sino que todo se reduce a los deseos, variables de individuo a individuo (16).

En diversos documentos de la UNESCO se sustenta también el relativismo ético. Así, en el conocido libro “Aprender a ser”, de Edgard Faure y colaboradores, se dice que la educación debe conducir al hombre de modo que “ninguna creencia, convicción, ideología, visión del mundo, hábitos y costumbres, sea erigida por nadie en modelo o regla válida para todos los tiempos, todos los tipos de civilización y todas las formas de existencia” (17).

El movimiento de la “nueva derecha” francesa, representada por Alain Benoist y Guillaume Faye profesan que la unidad del género humano es sólo biológica, y que por ende no hay normas ni ideales que deban ser comunes para todos los seres humanos. En un artículo de estos autores, publicado en la revista Éleménts, órgano del referido movimiento cultural, leemos: “El hombre universal no existe. Existe sí una unidad zoológica que es la especie humana. pero nosotros pensamos que el hombre no se puede definir esencialmente por sus característi cas biológicas (…) El hombre es un ser cultural. Y en el aspecto cultural no hay paradigma común a toda la humanidad” (18).

Doctrinas próximas. La mentalidad relativista y escéptica suele llevar al nihilismo ético, idea según la cual el bien y los valores directamente no existen, y todo está permitido. Aquellas concepciones también pueden derivar en el convencionalismo ético: dado que no es posible conocer ninguna verdad en esta materia, el bien y lo justo resultan puramente de los acuerdos que se hagan al respecto en la sociedad. Asimismo, a partir del escepticismo y relativismo axiológicos puede pasarse al pragmatismo como doctrina acerca del valor de la verdad, en la cual lo bueno y lo justo vienen a ser sólo lo que resulta útil, sea al individuo, sea al grupo social.

El “relativismo de la especie humana”. Además del relativismo subjetivista y del relativismo cultural o historicista, ya expuestos, hay otra especie, según el cual la verdad está determinada por la estructura mental del cognoscente, pero no se trata ya de la estructura singular de cada individuo, sino de la estructura que posee la especie humana en general. De tal modo es posible una concepción relativista sobre la verdad, compatible con la plena coincidencia de toda la humanidad en las proposiciones que se admiten como evidentes. Tal conformidad de acuerdo con esta doctrina no obedece a que aquéllas sean verdaderas, sino al hecho de que todos los hombres tienen una misma estructura mental, por la cual se les manifies¬tan como evidentes las mismas cosas. Esta tesis sostuvo el matemático y filósofo francés Renato Descartes, quien profesó un relativismo gnoseológico tan amplio que llegó a abrazar hasta la matemática y la lógica: la unanimidad con que se admiten las proposiciones de estas disciplinas no importa que ellas expresen verdades objetivas, sino que la unanimidad se explica porque todos los seres humanos fueron creados con la misma estructura (19).

Es muy notable que haya sido no sólo un importante filósofo, sino además un genio matemático, quien relativizara de tal manera, y por ello mismo desvalorizara la objetividad del saber matemático.  También en la filosofía de Immanuel Kant, se afirma un subjetivismo que afecta al conocimiento matemático y al saber sobre el mundo físico, que son los únicos conocimientos ciertos que puede tener al hombre, de acuerdo con las conclusiones de la Crítica de la razón pura del mencionado filósofo alemán. Según Kant, no tenemos ninguna garantía de que nuestro saber sobre el cosmos corresponda con la realidad, pues lo conocemos tal como resulta organizado por las formas propias de nuestro intelecto y con las intuiciones propias de nuestra sensibiidad. Un espíritu diferentemente constituido conocería de otro modo que el nuestro.

En este relativismo “de la especie humana” no se trata de la afirmación de que otros seres inteligentes podrían conocer mejor que nosotros las mismas cosas, lo cual es admisible, sino que se sostiene que otros seres inteigentes diversamente constituídos conocerían verdades contrarias a nuestras verdades.

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